jueves, 29 de octubre de 2009

Ayer...

Ayer fue uno de esos días en que hubiera cogido todas mis cosas, habría cogido un avión y me hubiera plantado en Madrid.

Ayer fue uno de esos días malos que a veces tengo por no hacer caso al "No pensar, peligro de muerte". A pesar de lo que me teneis dicho de pensar...

Y aunque ayer fue uno de esos días que no me hubiera importado borrar del calendario, no voy a borrar a aquellos que hicísteis algo por animarme, aunque fuera poco. Entre unos y otros se puede decir que más o menos lo terminasteis consiguiendo. Gracias. Os odio un poco menos que de costumbre.

miércoles, 28 de octubre de 2009

De peras asesinas o asesinas de peras

La última vez que supisteis largo y tendido sobre mí fue el domingo... Pues el lunes, como lunes que era, me fui a linguaggio giornalistico, fue una de esas intensas clases en las que intento entender algo y no lo consigo... O bueno, sí, algo entendí porque estuvo hablando de cuando le tocó cubrir la muerte de Franco... Y después de eso me encontré con los de Valladolid, y Sara, Andrea y Camino me entregaron la invitación para la inauguración del Palacete. Y de paso me fui con ellos a la mensa (que la tengo bastante abandonada, todo hay que decirlo). Allí vi cómo Andrea asesinaba a una pera para intentar comérsela. Y de paso, como no había postres cuando ella y Camino pasaron, y se lo habían apuntado en el ticket, y nadie se lo pidió, todos nos hicimos con provisiones de postres para casa. Yo robé una pera...


Desde la mensa pasé por el Lidl a comprar un par de cosas y me vine a casa a dormir la siesta antes de ir a italiano. Allí nos contó que vamos a hacer un par de excursiones, al museo Pietro Micca y al Palazzo Madama, y de paso nos dijo cuándo son los exámenes... Eso no me gustó tanto. Cuando salimos, perdidos y sin haber entendido nada de la clase, Silvia y yo nos fuimos andando, me di una ducha, me preparé algo de cena y conseguí ver un capítulo, algo bastante extraño tal y como va Wind últimamente...


El martes fue un día intenso... Otra de esas clases de linguaggio giornalistico dedicada a pensar la lista de las cosas que me tiene que traer Óscar cuando venga, a buscarme una cuñada y a contarnos la vida entre Cris y yo. Me dijeron que la clase de Arte e comunicazione estaba bastante bien, así que decidí probarla, ya que después de tantísimas horas cuadrando horarios, todavía se me solapaba una clase con italiano... Así que después de eso me fui a la mensa, me encontré a María y Marta las de bellas artes, y así como quien no quiere la cosa me senté con ellas a comer. Y como cuando acabé sólo eran las 2 y media y hasta las 4 no tenía esa clase, me vine a casa para preparar todas las cosas que me tenía que imprimir, para llevarlas y así hacer tiempo. Al final a la clase llegué un poco tarde, y cuando pude hablar con el profe me dijo que no había problema por haber faltado a clase durante un mes... Tengo que leerme y estudiarme el libro que él estaba leyendo, y hacer un trabajo sobre arte. Se me empiezan a acumular las cosas, voy a tener que ir buscando ya los libros... Después de la clase pasé por el H&M a comprarme el gorro del que tantas ganas tenía, aunque de momento prefiero que no llegue el frío para tener que estrenarlo.


Ya en casa me duché y me conecté para hablar con la gente antes de irme a la fiesta en el Palacete. Hablé con las niñas, aunque Noe apenas me habló 2 minutos, y Paula me enseñó cómo habla inglés. A las 9 y poco me fui, y se acababa de ir un tranvía. Después de media hora esperando al siguiente con Fran, cuando por fin llegó iba lleno de españoles, unos que iban a cenar a casa de otro, y los demás íbamos todos al mismo sitio. Al que por cierto, nos perdimos un poco, pero poco, que sólo tuvimos que llamar una vez.


La fiesta fue divertida. Entre subastas de tangas para financiar una cámara de fotos rota e intentos de tirar por la terraza, llegó un momento en que la gente no quería salir y la Sala VIP terminó convirtiéndose en la sala de los dormidos. Yo estuve unos 5 minutos en ella, hasta que decidieron que nos fuéramos, así que pidieron un taxi y terminamos en el Xo. Y llevaba razón Silvia: la música de allí me gusta. Allí estaba todo el mundo, aunque cuando quisimos llegar ya quedaba sólo un rato para que cerraran. Llegué a casa a las 5, y me eché a dormir, pero entre pitos y flautas, o entre las obras y mi tos, he dormido fatal y me he levantado cansada, y con el día de morriña. Tanto que lo único que he hecho de provecho en todo el día ha sido ir a italiano, en el que nos ha explicado los pronombres y le hemos jodido la vida a un niño. En grupos teníamos que hacer un anuncio de Nutella (para el que nos han puesto una foto de un bote de 5 kg), y mientras el resto de grupos han hablado de familias felices y padres que daban nutella a sus hijos, Silvia, el francés y yo hemos hablado de un niño que estaba muy feliz desayunando su bocata de nutella hasta que llegó su padre y le dijo que eso no era sano para él. Cuando el niño se va, el padre se rechupetea los dedos mientras se come el bocata que ha robado a su hijo. Y es que no todo van a ser familias felices, ¿no?


Poco más he hecho. He vuelto a casa, me he duchado, he preparado algo de cena (tengo que comprar más bolitas de mozarella) y he hablado un rato con mis padres después de mucho pelear con Skype. Ahora voy a ver si internet quiere volver a funcionar, a prepararme un vasito de leche con miel, y a no tardar para irme a dormir que mañana hay que madrugar...

Pongamos que hablo de Madrid...

Hoy me he levantado con morriña. Todo el mundo vuelve a España, y yo, que fui de las primeras en llegar aquí, voy a ser de las pocas que no vuelvan antes de navidad. Y es que después de tantas veces haciendo la coña de que soy como el turrón, "vuelvo a casa por navidad", y después de un mes y medio aquí, se nota que empiezo a echar de menos aquello.

No me puedo quitar esta canción de la cabeza

lunes, 26 de octubre de 2009

Otoño en Torino


Si ayer os subí la vista nocturna, hoy toca el día. El otoño reflejado en el río Po

Nuevo diseño del blog

No había postal. Y no tuve que bajar, porque al final Estrella consiguió coger un bus, comprarme las naranjas y el termómetro, y traérmelos. Y así pasó la tarde, buscando vuelos compulsivamente y pensando a qué sitios nos encantaría ir... Al final no compramos ninguno, pero tenemos varios frentes abiertos para, algún día, conocer Cracovia, Billund (que descubrimos que está en Dinamarca y que es donde está Legolandia) o Hamburgo. Todo eso mientras que tardó en bajárseme un capítulo de Alerta Cobra (la nueva serie a la que me he viciado) cinco horitas...


Como ya he dicho, el viernes no salí en todo el día. Me pasé el tiempo durmiendo, o en internet, o con la visitilla que me hizo Estrella, que la verdad es que sirvió para que me animara un poco. Me vi el capítulo que tanto me había costado descargar (ya os digo, 5 horas, estos de wind no saben lo que es la velocidad en internet) y hablé con Lore y Luis, para variar.


Mi despertador del sábado por la mañana fue, como no, la vecina y los muelles de su colchón. Me estoy planteando seriamente lo de pasarle una nota por debajo de la puerta rogándole que se meta la almohada en la boca, y que se compre un somier nuevo... Así que cuando Carla me llamó para ver si iba a la mensa, por no escuchar a la vecina, porque me diera un poco el aire, y por no prepararme comida, accedí a ir. Allí se nos sentó un italiano que nos hablaba español y nos preguntaba por dónde se hacía botellón, por dónde salíamos cada día de la semana, y nos dijo lo que nos habíamos perdido (él y yo) por no haber salido esta semana, porque “fue la mejor”. Después de eso, Carla me contó que iba a montar un aperitivo en su casa, y yo no sabía si iría porque aún estaba algo chunguilla. De hecho, en la vuelta a casa pensaba que me caía por el camino, así que en cuanto llegué, me eché a dormir hasta las 7 de la tarde. Y cuando me levanté, decidí ir donde Carla, así que quedé con Bea, y allá que fuimos.


Cuando llegamos, todo olía genial. Había hasta una empanada de bonito, y para variar, la gente llegó bastante tarde, y nosotros mientras muertos de hambre... Cuando atacamos, no duró nada. Estaba todo tan rico... (ahora es cuando empiezo a salivar, y no es plan, que ya he cenado hace unas horas...). Yo tenía claro que no iba a salir, y cuando nos fuimos miré a ver si pasaba algún bus, pero iba a tardar menos si me iba andando así que fue lo que hice. Aunque fuera sábado por la noche, llegué a casa a las 12 y media, y me conecté, ya metidita en el calor de mi nórdico y en el pijama.


Y hoy... me he levantado tarde, por no perder las buenas costumbres, y al ver el gran día que hacía me ha dado pena desperdiciarlo quedándome en casa. La primera idea ha sido subir al monte de los capuchinos, pero como en esta ciudad los buses pasan cuando quieren, el que te lleva ahí sólo circula de lunes a sábado. Así que al final he quedado con Estrella para ir a ver la fortaleza medieval del Valentino. Ducha, preparar algo de comida rápido, prepararme la cámara y pasarme la tarde como una guiri, con la Nikon al cuello, enamorándome un poco más de la ciudad, y haciendo confesiones varias.


En la fortaleza había puestecillos de comida típica de Piemonte, y creo que iré algún día a comprar allí, porque al menos la fruta estaba tirada de precio. Y si no he entendido mal a la mujer a la que he preguntado, van a estar allí hasta el último domingo de noviembre. Así que volveré.


Desde allí nos hemos ido hasta el puente desde el que se ve la Mole, y hemos vuelto por el otro lado del río haciendo más fotos, esta vez de la fortaleza y de la facultad de arquitectura reflejadas en el Po. Y como cuando hemos llegado a la estatua de Garibaldi (al lado de mi casa), solo eran las 6, hemos pensado en ir a tomar algo por Vittorio Veneto, pero como nos iban a cobrar el aperitivo, y yo tenía antojo de pizza, hemos decidido hacer algo de tiempo e ir a cenar. Así que hemos llegado a una librería (donde me hubiera comprado unos cuantos libros, pero eran tirando a caros y mi sueldo de erasmus no me da) y después hemos visto una exposición que había sobre los juegos paralímpicos (donde nos hemos enterado de que la pensión diaria para un discapacitado en Italia no llega a los 10 euros). Después de criticar cómo está el mundo, nos hemos ido a la pizzería de las pizzas del ostello (quizás las tengo mitificadas, pero están tan ricas...) y entre las patatas al horno y la pizza de prosciutto e funghi, he sido feliz. Iba a acompañar a Estrella (después de que el hombre de la pizzería nos diera los “buenos días” aunque fueran las 8 y pico de la tarde), pero como hacía ya fresco, me he venido para casa, y después de lavar un par de cosillas y prepararme la comida para mañana (salchichas con vino, ¿qué tal me habrán salido?), he hablado con mis padres y mi hermano, con Lore y con Luis (con los que estoy hablando ahora), he subido algunas fotos al tuenti, y me he dedicado a cambiar el diseño del blog, que llevaba tiempo queriendo poner una foto de Turín... ¿Y cuál mejor que una recién hecha?

domingo, 25 de octubre de 2009

Enamorándome de la ciudad, cada vez más...


Vistas del Río Po a las 6 de la tarde, el día que cambió la hora...

viernes, 23 de octubre de 2009

Vaya semanita, mejor dicho

Si la última vez que escribí me quejaba de que había pasado gran parte del fin de semana mala, ahora os tengo que contar que otra vez lo estoy, pero esta vez con la garganta y con dolor de cabeza que no me deja, prácticamente, levantarme de la cama.

Os cuento. El miércoles por la mañana no fui a clase, porque me dolía la garganta y la tripa, y pensé que sería mejor quedarme en la cama y que se me pasara. Me levanté casi a mediodía bastante mejor, y me fui a italiano. El caso es que estaba lloviendo como si no costara, y como yo odio los paraguas, salí tan feliz con mi chubasquero. Hasta ahí bien. Cogí el autobús y sin darme cuenta, me bajé una parada antes. Esto no hubiera sido un problema si uno de esos muchos conductores italianos desconsiderados no hubiera pasado a toda velocidad por encima de un charco y me hubiera empapado. Vaqueros mojados, llegué a italiano, a ver qué tal se daba. La clase, horrible. La mujer se puso a explicarnos el “trapassato remoto”, vamos, un tiempo verbal de esos que no usa nadie, y a escribir otros en la pizarra... Creo que no soy la única que terminó totalmente perdida.

Y aunque esto que voy a contar es del lunes, se me olvidó, así que os lo cuento ahora, porque tiene relación con que no cogiera el bus para volver a casa: el lunes, al salir, cogimos el tranvía. Todo bien hasta que en la parada siguiente se subió el revisor y nos pidió los billetes “por cortesía”. Lo picamos delante de sus narices, y salvé a Silvia de tener que pagar 25 eurazos porque llevaba un billete de sobra. Menos mal... Por eso, creo que no cogimos el bus para volver el miércoles, y otra vez paseando bajo la lluvia... Cuando llegué me preparé algo de cena, me puse el pijama y me conecté un rato, pero habíamos quedado para el PostCumple de Carla a las 11 en el Shamrock. Cuando llegué sólo estaban Bea, Carlos y Joaquín, y el resto llegaron una hora tarde. Después de llamar a Carla tropecientas veces, decidimos plantarnos en su casa con la cartulina firmada por todos y el pastel hecho de panetone y nutella, y me tocó llamarla aunque fuera la 1,30 de la mañana (si llaman aquí así, yo no abro, de hecho creo que me hago una bolita en la cama y no hago ruido, por si acaso) y allí que subí, contándole una milonga y sin saber cómo alargarla porque estaban tardando demasiado en subir. Por fin subieron, nos comimos el pastel y volvimos, cada uno a su casa y algunos a seguir la juerga.

Cuando llegué a casa, mientras se calentaba un poco, me conecté y hablé (¿cómo no?) con Lore y Luis (sabía que estarían aunque fueran las 3), y me fui a dormir para ir a clase el jueves...

Esa noche fue de esas que siento cosas raras, para mí que era fiebre pero no lo sé porque aún no tengo termómetro (creo que dentro de un rato, cuando coja energías de nuevo después de salir de la ducha, bajaré a comprar uno). Pero me levanté, y me fui a clase. Más me hubiera valido quedarme en la cama... Pero aproveché para comprar un bote de miel (para la leche caliente con miel, de toda la vida) y actimeles, por eso que dicen de que ayuda a mis defensas, que ahora están más bien por los suelos (Patochiste: traeles una escalera). Y hablando de escaleras, me costó más que nunca subir los 118 escalones de mi casa, tanto que en cuanto llegué me puse el pijama y me tiré durmiendo hasta las 7 de la tarde (eran las 12 y cuarto).

Ya no me levanté de la cama en todo el día, me lo pasé tumbada intentando ver un capítulo de una serie (no pasé de los 20 minutos en tres horas) y hablando con unos y con otros. Hasta la 1 y poco, que me fui a dormir. A eso le llamo yo aprovechar el día...durmiendo.

Y hoy... hoy no he hecho mucho, a pesar de que sean las 4 menos veinte de la tarde. Sólo arrastrarme hasta la cocina a prepararme unos calamares y unas bolas de mozzarella (era lo más rápido) y darme una ducha, que ya iba tocando. Lo dicho, si Estrella no me puede comprar las naranjas, bajaré yo, con calma, y las compraré. Además, ayer nada más llegar a casa la cartera (en la acepción de mujer que echa las cartas en los buzones) llamó a mi telefonillo, y quién sabe, lo mismo tengo una carta y todo. Lo mismo es la postal de Lore.