miércoles, 28 de octubre de 2009

Pongamos que hablo de Madrid...

Hoy me he levantado con morriña. Todo el mundo vuelve a España, y yo, que fui de las primeras en llegar aquí, voy a ser de las pocas que no vuelvan antes de navidad. Y es que después de tantas veces haciendo la coña de que soy como el turrón, "vuelvo a casa por navidad", y después de un mes y medio aquí, se nota que empiezo a echar de menos aquello.

No me puedo quitar esta canción de la cabeza

lunes, 26 de octubre de 2009

Otoño en Torino


Si ayer os subí la vista nocturna, hoy toca el día. El otoño reflejado en el río Po

Nuevo diseño del blog

No había postal. Y no tuve que bajar, porque al final Estrella consiguió coger un bus, comprarme las naranjas y el termómetro, y traérmelos. Y así pasó la tarde, buscando vuelos compulsivamente y pensando a qué sitios nos encantaría ir... Al final no compramos ninguno, pero tenemos varios frentes abiertos para, algún día, conocer Cracovia, Billund (que descubrimos que está en Dinamarca y que es donde está Legolandia) o Hamburgo. Todo eso mientras que tardó en bajárseme un capítulo de Alerta Cobra (la nueva serie a la que me he viciado) cinco horitas...


Como ya he dicho, el viernes no salí en todo el día. Me pasé el tiempo durmiendo, o en internet, o con la visitilla que me hizo Estrella, que la verdad es que sirvió para que me animara un poco. Me vi el capítulo que tanto me había costado descargar (ya os digo, 5 horas, estos de wind no saben lo que es la velocidad en internet) y hablé con Lore y Luis, para variar.


Mi despertador del sábado por la mañana fue, como no, la vecina y los muelles de su colchón. Me estoy planteando seriamente lo de pasarle una nota por debajo de la puerta rogándole que se meta la almohada en la boca, y que se compre un somier nuevo... Así que cuando Carla me llamó para ver si iba a la mensa, por no escuchar a la vecina, porque me diera un poco el aire, y por no prepararme comida, accedí a ir. Allí se nos sentó un italiano que nos hablaba español y nos preguntaba por dónde se hacía botellón, por dónde salíamos cada día de la semana, y nos dijo lo que nos habíamos perdido (él y yo) por no haber salido esta semana, porque “fue la mejor”. Después de eso, Carla me contó que iba a montar un aperitivo en su casa, y yo no sabía si iría porque aún estaba algo chunguilla. De hecho, en la vuelta a casa pensaba que me caía por el camino, así que en cuanto llegué, me eché a dormir hasta las 7 de la tarde. Y cuando me levanté, decidí ir donde Carla, así que quedé con Bea, y allá que fuimos.


Cuando llegamos, todo olía genial. Había hasta una empanada de bonito, y para variar, la gente llegó bastante tarde, y nosotros mientras muertos de hambre... Cuando atacamos, no duró nada. Estaba todo tan rico... (ahora es cuando empiezo a salivar, y no es plan, que ya he cenado hace unas horas...). Yo tenía claro que no iba a salir, y cuando nos fuimos miré a ver si pasaba algún bus, pero iba a tardar menos si me iba andando así que fue lo que hice. Aunque fuera sábado por la noche, llegué a casa a las 12 y media, y me conecté, ya metidita en el calor de mi nórdico y en el pijama.


Y hoy... me he levantado tarde, por no perder las buenas costumbres, y al ver el gran día que hacía me ha dado pena desperdiciarlo quedándome en casa. La primera idea ha sido subir al monte de los capuchinos, pero como en esta ciudad los buses pasan cuando quieren, el que te lleva ahí sólo circula de lunes a sábado. Así que al final he quedado con Estrella para ir a ver la fortaleza medieval del Valentino. Ducha, preparar algo de comida rápido, prepararme la cámara y pasarme la tarde como una guiri, con la Nikon al cuello, enamorándome un poco más de la ciudad, y haciendo confesiones varias.


En la fortaleza había puestecillos de comida típica de Piemonte, y creo que iré algún día a comprar allí, porque al menos la fruta estaba tirada de precio. Y si no he entendido mal a la mujer a la que he preguntado, van a estar allí hasta el último domingo de noviembre. Así que volveré.


Desde allí nos hemos ido hasta el puente desde el que se ve la Mole, y hemos vuelto por el otro lado del río haciendo más fotos, esta vez de la fortaleza y de la facultad de arquitectura reflejadas en el Po. Y como cuando hemos llegado a la estatua de Garibaldi (al lado de mi casa), solo eran las 6, hemos pensado en ir a tomar algo por Vittorio Veneto, pero como nos iban a cobrar el aperitivo, y yo tenía antojo de pizza, hemos decidido hacer algo de tiempo e ir a cenar. Así que hemos llegado a una librería (donde me hubiera comprado unos cuantos libros, pero eran tirando a caros y mi sueldo de erasmus no me da) y después hemos visto una exposición que había sobre los juegos paralímpicos (donde nos hemos enterado de que la pensión diaria para un discapacitado en Italia no llega a los 10 euros). Después de criticar cómo está el mundo, nos hemos ido a la pizzería de las pizzas del ostello (quizás las tengo mitificadas, pero están tan ricas...) y entre las patatas al horno y la pizza de prosciutto e funghi, he sido feliz. Iba a acompañar a Estrella (después de que el hombre de la pizzería nos diera los “buenos días” aunque fueran las 8 y pico de la tarde), pero como hacía ya fresco, me he venido para casa, y después de lavar un par de cosillas y prepararme la comida para mañana (salchichas con vino, ¿qué tal me habrán salido?), he hablado con mis padres y mi hermano, con Lore y con Luis (con los que estoy hablando ahora), he subido algunas fotos al tuenti, y me he dedicado a cambiar el diseño del blog, que llevaba tiempo queriendo poner una foto de Turín... ¿Y cuál mejor que una recién hecha?

domingo, 25 de octubre de 2009

Enamorándome de la ciudad, cada vez más...


Vistas del Río Po a las 6 de la tarde, el día que cambió la hora...

viernes, 23 de octubre de 2009

Vaya semanita, mejor dicho

Si la última vez que escribí me quejaba de que había pasado gran parte del fin de semana mala, ahora os tengo que contar que otra vez lo estoy, pero esta vez con la garganta y con dolor de cabeza que no me deja, prácticamente, levantarme de la cama.

Os cuento. El miércoles por la mañana no fui a clase, porque me dolía la garganta y la tripa, y pensé que sería mejor quedarme en la cama y que se me pasara. Me levanté casi a mediodía bastante mejor, y me fui a italiano. El caso es que estaba lloviendo como si no costara, y como yo odio los paraguas, salí tan feliz con mi chubasquero. Hasta ahí bien. Cogí el autobús y sin darme cuenta, me bajé una parada antes. Esto no hubiera sido un problema si uno de esos muchos conductores italianos desconsiderados no hubiera pasado a toda velocidad por encima de un charco y me hubiera empapado. Vaqueros mojados, llegué a italiano, a ver qué tal se daba. La clase, horrible. La mujer se puso a explicarnos el “trapassato remoto”, vamos, un tiempo verbal de esos que no usa nadie, y a escribir otros en la pizarra... Creo que no soy la única que terminó totalmente perdida.

Y aunque esto que voy a contar es del lunes, se me olvidó, así que os lo cuento ahora, porque tiene relación con que no cogiera el bus para volver a casa: el lunes, al salir, cogimos el tranvía. Todo bien hasta que en la parada siguiente se subió el revisor y nos pidió los billetes “por cortesía”. Lo picamos delante de sus narices, y salvé a Silvia de tener que pagar 25 eurazos porque llevaba un billete de sobra. Menos mal... Por eso, creo que no cogimos el bus para volver el miércoles, y otra vez paseando bajo la lluvia... Cuando llegué me preparé algo de cena, me puse el pijama y me conecté un rato, pero habíamos quedado para el PostCumple de Carla a las 11 en el Shamrock. Cuando llegué sólo estaban Bea, Carlos y Joaquín, y el resto llegaron una hora tarde. Después de llamar a Carla tropecientas veces, decidimos plantarnos en su casa con la cartulina firmada por todos y el pastel hecho de panetone y nutella, y me tocó llamarla aunque fuera la 1,30 de la mañana (si llaman aquí así, yo no abro, de hecho creo que me hago una bolita en la cama y no hago ruido, por si acaso) y allí que subí, contándole una milonga y sin saber cómo alargarla porque estaban tardando demasiado en subir. Por fin subieron, nos comimos el pastel y volvimos, cada uno a su casa y algunos a seguir la juerga.

Cuando llegué a casa, mientras se calentaba un poco, me conecté y hablé (¿cómo no?) con Lore y Luis (sabía que estarían aunque fueran las 3), y me fui a dormir para ir a clase el jueves...

Esa noche fue de esas que siento cosas raras, para mí que era fiebre pero no lo sé porque aún no tengo termómetro (creo que dentro de un rato, cuando coja energías de nuevo después de salir de la ducha, bajaré a comprar uno). Pero me levanté, y me fui a clase. Más me hubiera valido quedarme en la cama... Pero aproveché para comprar un bote de miel (para la leche caliente con miel, de toda la vida) y actimeles, por eso que dicen de que ayuda a mis defensas, que ahora están más bien por los suelos (Patochiste: traeles una escalera). Y hablando de escaleras, me costó más que nunca subir los 118 escalones de mi casa, tanto que en cuanto llegué me puse el pijama y me tiré durmiendo hasta las 7 de la tarde (eran las 12 y cuarto).

Ya no me levanté de la cama en todo el día, me lo pasé tumbada intentando ver un capítulo de una serie (no pasé de los 20 minutos en tres horas) y hablando con unos y con otros. Hasta la 1 y poco, que me fui a dormir. A eso le llamo yo aprovechar el día...durmiendo.

Y hoy... hoy no he hecho mucho, a pesar de que sean las 4 menos veinte de la tarde. Sólo arrastrarme hasta la cocina a prepararme unos calamares y unas bolas de mozzarella (era lo más rápido) y darme una ducha, que ya iba tocando. Lo dicho, si Estrella no me puede comprar las naranjas, bajaré yo, con calma, y las compraré. Además, ayer nada más llegar a casa la cartera (en la acepción de mujer que echa las cartas en los buzones) llamó a mi telefonillo, y quién sabe, lo mismo tengo una carta y todo. Lo mismo es la postal de Lore.

martes, 20 de octubre de 2009

Vaya fin de semana...

Está claro que lo que no me pase a mí en esta ciudad, no le pasa a nadie. Y es que el sábado me lo pasé haciendo el vago todo el día, prácticamente. Sólo hice algo por la noche: me había avisado Jesús de que era el día, y yo tenía pase vip: inauguraban su piso. Y como en teoría el domingo íbamos a ir a Como (un lago que hay en Milán) pero como el sábado por la tarde, en mi habitual visita al Lidl, se lió a llover como si no hubiera llovido nunca, me dijeron que no íbamos.


Aún así, me fui pronto de la fiesta de Jesús, Cris y Carmen porque si no iba a ser imposible volver antes de las 5 a casa. Y me dijeron con los que fui (Irma, Pedro y Verónica) que me fuera con ellos un rato. Así que fui, y empecé a encontrarme mal y Yasmina, Sara y María (a la que acababa de conocer) tuvieron que acompañarme a casa.


El domingo lo pasé fatal, todo el día vomitando... aunque no voy a dar detalles de eso.


Ya ayer conseguí moverme, y empezar a comer algo, y fui a clase pero entre que me habían despertado con las obras que han decidido hacer en el patio de mi casa (que no es particular, precisamente) y que todavía estaba algo pocha, y que tenía el estómago vacío, decidí irme un poco antes, comprarme un paquete de arroz, y después de sufrir para subir los 5 pisos me lo preparé, me conecté un ratito y me eché a dormir. El arroz estaba incomible, y encima calculé mal, hice el doble de lo que necesitaba... Pero fue la siesta lo que mejor me sentó.


Había quedado con Silvia y Bea para ir al curso de italiano, y allí hicimos un examen, extraño como él solo, y luego nos invitó Bea a cenar en su casa. Yo iba a comer solo jamón york, pero como ya había comprobado que un sandwich me había sentado bien, y lo que había era pasta, comí lo mismo que todos. Pero sin tomate.


Me vine a casa y me conecté, para variar. Así estuve hasta bastante tarde, porque la vecina no es nada considerada y grita, y para colmo su colchón hace ruidos... Así que estuve aguantando como pude, escuchando música.


Esta mañana, otra vez, han empezado con los ruidos a las 8 de la mañana... Me he fabricado unos tapones improvisados, y a las 10 y algo, cuando he decidido que era buen momento para levantarme, ya llevaban bastante rato sin hacer ruido. Son como los de Madrid, y como mi vecino de arriba en Móstoles: cuando saben que te han despertado ya, dejan de hacer ruido... Así que nada, me he comido unas galletitas de estrellitas para desayunar, me he dado una ducha y me he ido a clase con energías renovadas. Hoy hasta he conseguido entender algo, aunque tampoco demasiado...


Me he fotocopiado todos los apuntes de Maria Elisa, y me he despedido de ella, porque mañana se va a Londres. Así que veremos cómo sobrevivo en Linguaggio Giornalistico sin ella. Y aunque con la frase anterior dé la impresión de que sólo la quiero para que me deje los apuntes, no es cierto: me cae genial, me parece un encanto de niña. He dicho.


Me he venido a comer, con intención de comerme el arroz asquerosillo de ayer, y cuando lo he visto ha sido el momento de buscar un Plan B: judías verdes con atún y un tomate, y fruta. Y como intento ser responsable, en vez de dormir siesta me he ido a la lavandería. Puede que haya influido el ruido de las obras, pero era algo que había decidido por el camino. Así que allá que he ido, sin cargarme excesivamente, y con un libro (Tres sombreros de copa, y Lore llenando mi mueble de libros). He aprovechado para comprar folios, y post-its, y después de extender toda la ropa que no estaba seca del todo, me he ido con Bea al Lidl. Luego he subido, me he conectado y entre cena, hablar con unos y con otros, convencer a Cris de que se venga y demás, aquí estoy...

sábado, 17 de octubre de 2009

Haciendo balance

Ya ha pasado mi primer mes aquí, y si soy sincera, por una parte se me ha hecho bastante largo, pero por otra... El caso es que no estoy acostumbrada a la vida que llevo aquí, y aunque parece que esta semana se está relajando bastante, ha tenido sus días de no parar, de caer rendida en la cama por haber estado de un lado para otro. Claro, ahora ya ha empezado todo el mundo sus clases, cada uno va a lo suyo, y yo, que no tengo compis de piso (Coco y Trancas están muy callados últimamente) tengo mis momentos de aburrimiento, de necesitar invasiones... ya sabeis cómo soy...

Pero bueno, no me puedo quejar. El miércoles por la noche, aprovechando el día del espectador, nos fuimos al cine. Y a ver, sé que Tarantino no es mi tipo de peli favorita, pero fue por eso: por salir, por relacionarme un rato... Pero no, no me gustó la peli, aunque sí, sí la entendí (casi todo, menos algún que otro diálogo que tuve que imaginarme qué decían, pero no me quedaba del todo claro...)

El jueves empezó una nueva asignatura: Linguaggio radiofonico. Y después de haberme traumatizado porque en la de Linguaggio giornalistico no entendía nada pensaba que esta sería igual. Pero no. Y cuando fui a contarle al profe que soy erasmus y que en ciertos trozos de la clase me pierdo, me dijo que “buon lavoro”. Y ahora me estoy planteando si apuntarme, porque nos contó que hay una radio o algo así hecha por los alumnos. Pero con mi modesto nivel de italiano, no sé... Lo consultaré con la almohada de aquí al jueves, pero la verdad es que lo veo. Así no pasaré tantos ratos sola en casa sola y aburrida...

Después de esa clase me vine a por el portátil a casa y me fui al Valentino. Y la verdad es que sentadita al sol no se estaba tan mal, porque el frío está empezando a llegar. Como diría el Señor Pato, los pingüinos van a empezar a invadir Turín... Y me llamó Carlos para decirme que se iban a la mensa, así que allá que fui a comer. Y por primera vez en un mes, no comí macarrones sino spaghetti. Sé que no deja de ser pasta, pero al menos varía. Y después de eso me vine a dormir la siesta, que la verdad es que fue bastante larga (me desperté a las 18:30) y me conecté para hablar con las enanas y con Lore. Y me llamó Carlos para contarme que estaba aburrido en casa, y le dije que se viniera.

Pensaba cenar el trozo que quedaba de tortilla, pero como se me había ocurrido subir la potencia del frigorífico, se había congelado. Así que cenamos sandwichs calentitos de queso, mantequilla y mortadela. Y aunque alguno se chamuscó un poco más de la cuenta, estaban ricos... Y después de bebernos una moretti a medias nos fuimos a casa de Silvia y Alba a bebernos allí las cervezas que llevábamos, y cuando llegó Bea nos fuimos al Valentino. Fui responsable y como pensaba ir hoy a clase me vine a las 2 menos algo. Y tengo que confesar que mientras me preparaba un vasito de leche calentita me conecté: sabía que a esas horas iba a pillar a Lore y Luis conectados...

Y otra confesión: esta mañana me he planteado lo de no levantarme. Pero insisto: he sido responsable y he ido a clase (me ha convencido lo de haberme venido pronto para luego no ir a clase). Al salir pensaba echarme una buena siesta, pero entre que he pasado a comprar pan y que he pillado a mi madre conectada al skype, y luego ha entrado Lore, lo que he hecho ha sido comer pronto (esta vez sí, tortilla recalentada en la sartén, ya que no tengo ni un triste microondas, y lomito) e irme a leer un rato y dormir.

Al levantarme (también un poco tarde, para qué nos vamos a engañar, pero no tenía nada mejor que hacer) me he dado una duchita, he recogido todo lo que había por medio y me he vuelto a conectar. Y así ha pasado mi tarde. He cenado, he acabado de pasar los apuntes que me dejó Maria Elisa y aquí estoy, esperando a que venga Bea para irnos al plan del viernes: botellón en los soportales de Vittorio Veneto, y Lapsus. Supongo que mañana, antes de subirlo, os contaré cómo ha ido la noche... o no.

Cambios: en vez de pasar frío en las gradas de la Unito o en los soportales de Vittorio Veneto, estuvimos en casa de Silvia y Alba hasta las 3 o por ahí, escuchando música y de risas, y después de eso fuimos al Lapsus. Me acosté a las 6 y prácticamente me acabo de levantar.