miércoles, 14 de octubre de 2009

martes, 13 de octubre de 2009

Qué de cosas os tengo que contar

La primera de las cosas que os tengo que contar es que me equivoqué de día que venían mis padres, así que el jueves, sobre las 11 de la mañana, llamé a mi padre para ver dónde estaban, ya que no me había dado el toque para avisarme de que habían cogido el bus de Malpensa a Turín. Os podéis imaginar la cara de tonta que se me quedó cuando dijo que estaba en el trabajo, y que venían al día siguiente... Pero bueno, antes de eso pasaron otras cosas: me destrocé para volver de la lavandería, y después de un rato esperando al autobús llegué a la conclusión de que ir a la mensa me pillaba de camino, así que fui a por energías y me ayudó Carla a traer toda la ropa. Ahora ya tengo moretti en la nevera, le debo una, que se la merece...


Por la tarde estuve organizando un poco la ropa, intentando que terminara de secarse, y como vi que las sábanas no se iban a secar para la noche ni de coña, decidí volver a la lavandería con ellas, y de paso me llevé el portátil y estuve un rato en el Palazzo Nuovo. Mientras fui llamando a la gente para ver qué iban a hacer: fiesta de San Fermín, a la que no tenía excesivas ganas de ir, pero por el camino de vuelta a casa me encontré con Estrella y me convenció. Fuimos las dos al cajero para sacar algo de dinero, y ella descubrió que le habían robado la cartera, así que con el disgusto nos fuimos cada una por nuestro lado, y yo salí para ir a la famosa fiesta. Cuando lo estaba buscando me llamó Joaquín para decirme que era imposible entrar, y que iban al McDonalds, así que me fui directa allí para cenar. Cenamos y volvimos al sitio para ver si se había despejado un poco, pero como vimos que seguía igual, terminamos en el Shamrock. Me sentí la “rara”: todos iban de blanco (era lo que había que llevar a la fiesta) y yo de rojo. Todos bebieron San Miguel, y yo probé la Fosters (una cerveza australiana bastante rica). Como en teoría al día siguiente tenía que madrugar, me fui pronto, y me acompañó Carlos hasta la puerta de casa.


Del jueves ya os he contado mi mañana. Así que después de eso me metí en la ducha, y llamé a Estrella por si quería que le acompañara a denunciar lo de la cartera y demás. Preguntamos a un policía en Piazza Castello dónde había una comisaría, y no tendría mucha idea cuando le tuvo que preguntar a su compañero. Y no nos supo explicar. Eso sí, nos miró, sin discrección ninguna, el culo en cuanto nos dimos la vuelta.

Y allá que fuimos, a hacer la denuncia... Nos atendió una señora que nos hablaba mitad inglés, mitad italiano, y en eso llegó otra chica a la que también le habían robado la cartera, y tenía los ojos como de haberse pasado toda la noche llorando... Salimos de allí, y fuimos al consulado (honorífico, vamos, que están ahí para nada) para que hicieran un papel a Estrella, porque tenía el vuelo de vuelta a Madrid para el sábado (dos días después). Allí, una señora muy desagradable nos dijo que allí sólo hacen traducciones (que me expliquen cómo, porque apenas hablaba español) y nos abrió la puerta para que nos largáramos. Con el cabreo, al final consiguió hablar con los de Milán, y allí se lo solucionaron. Y nos fuimos a la mensa... otra aventura: Estrella aún no tenía la tarjeta, pero yo le convencí para que comiéramos allí (básicamente, por no comer sola). Le explicó que es erasmus, y que le habían robado la cartera (eso era verdad), y para sorpresa mía, le hizo meter su nombre en la pantalla... Menos mal que había otra con el mismo apellido, y aunque la tía se mosqueó un montón, al final Estrella comió. Eso sí, acojonada pensando que le iban a echar, y que la mujer le iba a vetar la entrada en próximos días.

Me acompañó al Lidl, y por fin encontré una fregona (que falta le hacía a mi casa), y llamé para ver si iban a ir al recibimiento de erasmus en el rectorado de la universidad, así que me planté en casa de Alba y Silvia, y también llegó Joaquín, y nos fuimos todos juntos. Allí nos dieron otra charla (qué gente tan aficionada a las charlas), y luego pusieron un montón de comida, y se empeñaron en hacer una foto de todos juntos. Después de eso fuimos a comprar para el botellón de esa noche, y a cenar a la mensa. Fui a ver la casa de Bea con Carlos y Joaquín, e hicimos un pacto, pero no puedo contarlo aquí, por si alguno de los “afectados” me lee... (una es un poco ilusa, y se piensa que le leen...)


Estuve un rato en el Valentino. En realidad, hasta las 3, a pesar de que me chantajearon con no volver a hablarme en todo el curso si me iba, pero me fui y me siguen hablando. Al menos por teléfono... Y según esta mala gente, tengo cara de llamarme Raimunda...

El viernes me levanté prontito, para recoger un poco la casa (para que mis padres vieran que me estoy volviendo responsable) e irme a buscarles. Llegaron a las 12, nos peleamos con las maletas para subirlas al tranvía y los 118 escalones de mi casa, y es que encima una de ellas llegó rota (se ha convertido en un “armario” para meter cosas que no uso habitualmente).Deshicimos las maletas y coloqué algunas cosas en sus futuros sitios, y nos fuimos a dar una vuelta y buscar dónde comer. Les enseñé Vía Po, la zona del río, Vittorio Veneto, Via Roma, y callejeamos por aquí. Acabamos comiendo en la Plaza San Carlo, y por no perder las buenas costumbres, comí pasta (hoy es martes, y desde el viernes no la he vuelto a probar, mañana volveré a la pasta, supongo).

Mientras comíamos se lió una buena tormenta, y yo pensé que ya la habíamos liado, pero no... Sólo llovió un rato (aunque bien, todo hay que decirlo). Entramos a algunas tiendas, seguimos dando vueltas por aquí, estuvimos en Porta Nuova (la estación de tren) para ver dónde había trenes, y dónde podíamos ir. Nos decidimos por Aosta. Fuimos al Lidl para llenar mi nevera, y nos vinimos a cenar a casa, y a hinchar el colchón en el que me iba a tocar dormir. Cuál fue nuestra sorpresa cuando descubrimos que la bomba para inflarlo no funcionaba... Llamé para ver si me adoptaba alguien, y Silvia y Alba se ofrecieron, pero como estaba cansada, teóricamente iba a madrugar el sábado para ir a Aosta y no estaban en casa, terminé durmiendo en el colchón sin inflar, con el saco. Dormí malamente, como podréis suponer...


El sábado por la mañana los planes no salieron como pensábamos: a mi madre le dolía la cabeza, así que le dejamos solita en casa y nos fuimos a buscar una ferretería donde comprar una bomba y, de paso, hacer un

a copia de la llave de casa. Después de dar tropecientasmil vueltas, acabamos encontrando la parada del tranvía que llevaba a Carrefour, ilusos de nosotros, pensando que allí podríamos hacer las dos cosas. No hicimos ninguna, pero eso sí, compramos un montón de comida y cosas para la casa...

Cuando volvimos a casa comimos, y nos preparamos para ir a Aosta. Pero vimos que íbamos a llegar tardísimo, y que cuando llegáramos nos iba a tocar venirnos, así que optamos por ir el domingo tempranito. Y la tarde del sábado la pasamos viendo tiendas y paseando por la ciudad. Acabamos comprando la bomba en unos chinos (hemos descubierto que de Vittorio Emanuele hacia abajo hay varios, por mi zona hay, como mucho, dos.

..) Compramos un montón de Moretti (la cerveza de aquí) y subimos a casa para dejar todo, e inflar el colchón. Ahí estuvimos los tres haciendo un buen ejercicio hasta que el bicho estuvo listo para que durmiera yo... Como era pronto fuimos a dar otro paseo. En Via Po me encontré con Bea, Carlos, Joaquín, Alba y Silvia mientras buscaba la calle donde estaba la pizzería del ostello... Después de unas cuantas vueltas, y de preguntar a mucha gente, terminamos encontrándola, y nos pedimos una maxi de cuatro quesos con sus respectivas moretti. Les enseñé un poco el ambiente del murazzi (la zona de marcha) un sábado por la noche, pero estaban abriendo y no había demasiada gente. Ese día nos fuimos pronto a dormir, porque el domingo íbamos a coger el tren de las 9 y media a Aosta.

Así que como podeis imaginar, nadie me libró del madrugón. Eso explica que fuera tan dormida, y con el estrés de que íbamos a perder el tren y que ningún autobús pasaba, iba mirando para ver si nos iba a tocar correr para coger uno, y no vi la farola... (como sé que sois unos cotillas, y que ya debe saberlo t

odo el mundo, os lo cuento...) Así que ahora tengo el ojo totalmente morado... Al que se ría le miro mal. Y ahora doy más miedo.


El viaje en tren es precioso. Eso sí que está metido en los Alpes (Turín algo menos, Señor Pato, va por ti). Así que me emocioné a hacer fotos del paisaje... Aunque eso sí, Aosta como ciudad en octubre, y cuando hace calor, me pareció algo sosa. Sí, tiene unos cuantos castillos y algún que otro monumento, pero no tiene ni una triste oficina de turismo a la que ir para que te cuenten qué ver.

El caso es que llegamos allí a las 11 y media o así, y a la hora de comer ya estábamos preparados para irnos. Preguntamos en la estación de tren y en la de autobuses si había algo para Suiza: un autobús con el que teníamos que hacer noche allí. Pero como no íbamos preparados, decidimos volver a Turín. Convencidos,

los tres, de que como ciudad, Turín es mucho más bonito, aunque el paisaje de Aosta valga mucho la pena. Volveré en invierno, a ver...


Nada más subir al tren, me llamó Jose para ir a tomar el aperitivo, así que quedamos con ellos. En el tren me eché una buena siesta, me desperté 10 minutos antes de llegar a Porta Susa (la otra estación de Turín). Dejamos las cosas en casa, y como habíamos visto un mercadillo desde el autobús, y quedaba un rato hasta qu

e habíamos quedado con Jose, allá que nos fuimos. Madama Cristina estaba hasta arriba de puestos, y me compré dos pares de medias, y me quedé mirando los cuadros masai que vendía un chico. Me lo rebajó de 25 a 10 euros, y embaucó a mis padres para que me lo compraran, diciendo que soy “molto bella”, y que me “voglio bene”. Me cayó bien, se llamaba Mamadou.


A las 19.30 estábamos en el portal de Jose, y fuimos a Piazza Carlo Felice a tomar el aperitivo, con Silvia, la tía de Jose, y la niña, que tenía un cabreo muy serio... Estuvimos un buen rato con ellos, probé el aperitivo sin alcohol (un zumo raro, que llevaba naranja y no sé qué más...). Cuando nos fuimos era algo pronto, y me les llevé al Shamrock a probar cervezas raras: yo volví a pedir una Fosters, mi padre una alemana, y mi madre una que no sabíamos que era negra. La probó y como no le gustaba, acabamos cambiándolas. Volvimos a casita, y como yo tenía que ir a clase el lunes, tampoco me acosté muy tarde.


El lunes, como ya he dicho, me fui a clase, solucionamos el problema de las llaves (ya pudo hacer las copias), y para variar, no entendía nada... La gente se me quedaba mirando por el ojo morado, y me crucé con Alba y Silvia y les conté (bueno, me sacaron la información, a mí me daba vergüenza contarlo) qué me había pasado. Hubo quien me preguntó con quién me había pegado... Ni que una fuera violenta, ay que ver...


Volví a comer a casa, no sin antes dar envidia a las de Valladolid, que decían que en la mensa me esperaba mi plato de pasta... Pero no, tenía la comida preparada en casita... Después de comer fuimos a la Mole, pero yo no había caído en que era lunes, y que los lunes en esta ciudad cierran todo... Así que una vez más, empezamos a andar: descubrí una zona que no sabía que existía, con restos de un castillo, el museo de la antigüedad y una iglesia en la que había un cartel en la puerta de que había que apagar el móvil y había un cura que predicaba con el ejemplo, con el móvil en la oreja. Me quedé con ganas de hacer una foto de las dos cosas juntas, hubiera tenido gracia...


Después llegamos a una parte de Via Garibaldi, y seguimos hasta Piazza Statuto, para que la vieran. No sé, me parece una plaza bastante bonita. Aunque es verdad que las calles y los edificios de esta ciudad me tienen embobada... Volvimos a bajar hasta Piazza Castello, y de allí a Vittorio Veneto buscando dónde tomar el aperitivo, otra vez. Y para hacer tiempo, bajamos hasta el río, y estuvimos un rato sentados en el murazzi, contemplando las vistas: los puentes, el monte de los capuccini la iglesia de Gran Madre de Dio. Me tomé un batido con fresa, coco y naranja, y dos platos de aperitivo, en el sitio donde un día nos quedamos María, Rita y yo, babeando detrás del escaparate viendo la comida. Al salir de allí, como era muy pronto todavía, fuimos a buscar dónde se podría tomar mi madre un capuccino, y descubrimos que a las 9 de la noche sólo había una cafetería abierta, y no nos gustó demasiado el ambiente, así que decidimos bajar a desayunar hoy... Así que volvimos a casa, y me conecté un ratito. Esto de tener internet...


Esta mañana, como habíamos dicho, hemos bajado a desayunar a la cafetería de uno de los primeros días aquí: dos capuchinos y dos bollitos que estaban bastante ricos, todo hay que decirlo. Y de allí nos hemos ido a la lavandería. Mientras se lavaba la ropa hemos entrado a la tienda de todo a 85 céntimos, e intentado entender y comprender a una mujer que se ha dejado un dineral en lavar y secar unos trapos que, por lo que he entendido, eran para que los cuadros no cogieran polvo, y que le ha dicho a mi madre que no eran sábanas. Boh.


Hemos vuelto a casa, hemos comido bastante rápido, han organizado lo que tenían que llevarse, y a las 2 y cuarto hemos salido hacia la estación. Nos ha tocado correr para coger el tranvía, pero al final hemos llegado a tiempo. Odio las despedidas, aunque ha sido bastante graciosa: ellos subidos en el autobús, sin que yo apenas pudiera verles porque los cristales estaban tintados, pero me han escrito en un papel la palabra “juerga”, y me han dicho que tuviera cuidado con el árbol que tenía al lado. La verdad es que ahora voy siempre mirando para adelante, que no quiero que el otro ojo también se ponga morado... También me han dicho que cuando volviera a casa me durmiera un rato, pero no tenía sueño. En el bus de vuelta a casa he llamado a la gente a ver qué iban a hacer, y como no había nada concreto, he hecho caso y me he echado una siestecilla. Eso sí, para hacer sueño he leído un rato, estoy enganchada a Brooklyn Follies.


A las 5 me he despertado, he terminado de pegar las fotos, he hablado con Silvia y hemos quedado en que cuando el casero se fuera, me llamaban. Me he conectado, he hablado con Azu, Óscar, Rober y las canijas, que me han preguntado dónde estoy, y me han confesado que se les había olvidado hacerme el dibujo. Y me han visto por la cámara. Yo también quiero... En esas estaba cuando me ha llamado Silvia, así que me he ido para su casa, y allí he estado hasta las 9. Han intentado convencerme para salir hoy, pero como soy responsable y quiero empezar mañana a ir a una clase que empieza a las 10, me he venido a casa a darme una duchita y cenarme la tortilla que me ha dejado mi madre preparada. Y es que me han dejado la nevera llena... Dicen que cuando se me acaben las provisiones, vuelven...


Y aquí estoy: son las 11 menos cinco, y a ver si me vuelvo responsable también con el blog y os actualizo más a menudo. Tendréis noticias mías...

miércoles, 7 de octubre de 2009

7 de octubre, San Fermín, y yo escribiendo en la lavandería

No sé en qué día vivo. Creo que es miércoles. Así que os voy a contar un poco, si me acuerdo, qué hice el lunes, el martes y lo que va de hoy.


El lunes... tomároslo a broma, pero es verdad que no me acuerdo de qué hice... Creo que me levanté sobre las 11:30, así que recuperé todo el sueño acumulado. Recogí lo que había por medio (sí, mamá, me estoy volviendo ordenada) y me fui a gorronearles un poco de wifi a los de la Unito. Y poco más antes de ir a comer. Había quedado con la gente a la una y cuarto, y nada más llegar a la mensa me llegó un sms de Carlos diciendo que llegarían más tarde. Y como coincidí con los de Valladolid, me senté con ellos. Y por fin probé las pizzas de la mensa, están ricas, hay que reconocerlo, pero no son como las del ostello... Después de comer estuve intentando localizar a Estrella, ya que llevábamos todo el día escribiéndonos por el tuenti, y para quedar. Me quedé con Carlos, y estuvimos dando una vuelta hasta las 4, que había quedado en Vittorio Veneto con Estrella. Por fin nos encontramos, aunque tuve mis momentos de duda... Y estuvimos en la facultad de biología, porque se quería conectar Carlos, y a las 7 habíamos quedado con el resto de la gente, para ir a tomar un capuchino. Aunque hay que decir que la idea inicial era subir al monte de los capuchinos...


Ah, y tengo que contaros que tengo un cabreo muy serio con los de Wind, y que me dieron ganas de ir a la tienda donde me hicieron la tarjeta a tirarles piedras, pero me contuve. Y es que yo, feliz de mí, me he liado a mandar sms pensando que tenía 4.000 sms al mes, y la muy zorra de la tienda me lo cobró pero no me lo activó. Y no te dan ningún ticket con el que reclamar... Así que me sale más rentable hacerme una tarjeta nueva, cuando gaste el saldo, porque encima recargué 10 euros un rato antes... Menos mal que sigo teniendo llamadas gratis.


Pero volvamos al tema. Fuimos a buscar un sitio donde decían que el aperitivo estaba muy bien, pero cuando llegamos había 4 cosas. Así que terminamos en una pizzería de Via Po, y yo compartiendo una margherita con Bea. Después de eso nos fuimos cada uno a nuestra casa, y yo entre que seguía a oscuras, que no pillaba wi-fi y que al día siguiente tenía que madrugar para volver a Ikea, me fui a dormir bastante prontito.


El martes fue también un día intenso. Mi despertador empezó a sonar a las 7 y pico, por eso de darme el placer de poder apagarlo unas cuantas veces, y como a las 8,30 (o más bien nueve menos cuarto) me levanté. Habíamos quedado a las 10 en Porta Nuova, y cuando iba a meterme en la ducha me envió un sms Alba, que mejor a las 10 y cuarto porque a ellas tampoco les daba tiempo. Así que me vino genial, hay que reconocerlo. Y aunque llegamos un poco tarde las 3 (Alba y Silvia, que venían juntas, y yo), a las 11 y cuarto ya estábamos en Ikea, peleándome con la maquinita de hacer la tarjeta de las narices. No lo conseguí. Ayer compré un par de flexos (de los que uno no funciona, así que espero que algún alma caritativa que vaya a ir a Ikea me descambie, porque me niego a volver), y sus respectivas bombillas, alguna toalla más, más cojines, tuppers y alguna cosilla más para la cocina. Comimos allí, esta vez de barato (comer arriba es mucho más caro), una minipizza, un miniperrito y toda la bebida y café que quisiéramos. Robé unos cuantos azúcares y la cucharilla del café, y nos fuimos a la parada. Nos tocó esperar un buen rato, y decidimos no bajarnos en Fermi porque el bus llegaba hasta Porta Nuova, así que cociéndome y intentando no dormirme, llegamos cerca de casa. Me compré el libro de 1.000 recetas de cocina por 3 euros, y me cogí un bus que me dejó el Della Rocca.


Cuando llegué a casa organicé todo lo que había comprado, robé un rato de internet a DLINK y llamé a la gente a ver dónde estaban. Me dijeron que me esperaban en el bar del Valentino, y me fui para allá. Desde allí nos fuimos Joaquín, Bea y yo a casa de Bea, y allí estuve gorroneando internet y un teléfono con el que llamar a España sale gratis, así que hablé con Óscar, y más tarde con Rober y las niñas, que me dijeron que iban a cenar tortilla de patata (qué suerte), y que “mañana te hacemos un dibujo para tu casa nueva, que hoy ya es muy tarde”. Y después de eso, nos fuimos a la teórica fiesta española, cuando conseguimos encontrar el autobús. Pero cuando vimos el panorama, preferimos irnos a cenar, ya que nos habían engañado y sí, había tortilla de patata, pero te cobraban 1.90 por el pincho. Lo único que me gustó es que cuando llegamos estaba sonando Rojitas las orejas, de Extrechinato. Pero teníamos hambre, y como estábamos en Vittorio Emanuele, nos fuimos al Horas, el kebab rico donde hacen la masa. Todos nos pedimos en kebab con mozzarella, y como se les olvidaron las patatas, Bea las reclamó y nos pusieron un plato para todos, y con una especie de croquetas y otra cosa. También nos trajeron un vasito de té, y un postre de coco que estaba muy rico. Y desde allí, en teoría, íbamos a volver a la fiesta pero yo estaba cansada, y me fui para casa. Y de paso, me acompañaron Bea y Carlos hasta algún punto de Via dei mille. En casa me volví a pelear con el flexo, para ver si era capaz de montarlo, pero no. Así que lo apañé como pude. Y estuve lavando los jerseys a mano, y preparando todo lo que tenía que traerme a la lavandería. Y leí un rato, aprovechando que ya tenía algo más de luz, y me dormí.


Esta mañana me he despertado como a las 10,30, he desayunado, me he duchado y he ido a volverme loca para encontrar la dichosa lavandería que me había dicho Alba, en via San Massimo. Pero no la he encontrado, aunque he dado tropecientasmil vueltas cargada como una mula. Así que al final he optado por venirme a la que había visto ya alguna vez, pero que tampoco me acordaba de dónde estaba. Está (para futuras búsquedas), en la calle de la Mole, al lado de la tienda de todo a 85 céntimos, y al lado del Palazzo Nuovo. Eso sí, no se pilla el wifi de la Unito, qué mala gente.


Y aquí estoy, esperando a que la secadora se quede libre para poder secar mi ropa. Ahora volveré a cargarme como una mula, me iré a casa, extenderé lo que no haya podido meter en la secadora para que se seque un año de estos, y me iré a la mensa a ver si como. Volveré a la pasta, que llevo tres días sin catarla. Se me está poniendo cara de pizza.


Y ya no sé cuándo volveré a contaros mi vida, ya que mañana vienen mis padres, y no sé si nos iremos a ver sitios, o qué haremos.

lunes, 5 de octubre de 2009

Fotitos!!

Una noche de fiesta













En la casa de Via Po, pillando internet de la Unito

















Otra noche de fiesta

Billetes, billetes, billetes. Y contigo no, bicho

Por un momento he pensado que podría subir lo que escribiera al mismo tiempo, pero no: mi vecino “DLINK” se ha desconectado antes de tiempo. Así que es domingo a las 23:15, y me parece demasiado triste irme ya a dormir (sobre todo porque me he levantado a las 4 de la tarde), no tengo tele, ni internet, ni la luz suficiente como para poder leer desde la cama. Así que os contaré un poco mi vida, aunque no la vayáis a poder leer hasta a saber cuándo.

Os preguntaréis por qué este título para la entrada, pero eso os lo contaré después. Vamos por orden. Lo último que os conté fue el cabreo que tenía porque no se habían acordado de mí. Después de eso decidí dormirme un rato de siesta. A las 5 y media me desperté (creo que eran las 5 y media), porque había un tío hablando al lado de aquí, porque había conciertos y cosas. Pero antes de ver eso me fui a comprar al Lidl, y mi adquisición más original fue una planta de albahaca por un euro. Otra vez volví bastante cargadita, esta vez con dos bolsas, y con la planta cambiando de mano. Cuando coloqué todo y ordené un poquito las cosas (mi madre no se lo va a creer, pero aquí hasta me estoy volviendo ordenada), llamé a Joaquín, que me dijo que habían quedado a las 7 en el bar del Valentino para comprar los billetes, y sobre las 6 y 25 me bajé, vi lo de los conciertos, y en el bar me pedí una cervecilla para no cargar mi conciencia con gorronearles internet a cambio de nada. Me bajé donde no había nadie, al lado del río, pero la conexión no hacía más que caerse, así que me subí para arriba de nuevo y comprobé que ahí funcionaba perfectamente. Y aunque habíamos quedado a las 7, no empezó a aparecer gente hasta las 8 menos cuarto. Durante ese tiempo hablé con mis padres y con Isa y me compré el billete para Praga: del 19 al 24 de noviembre. Cuando llegaron los demás, cogimos los de vuelta a Madrid (porque para volver cada uno en un avión distinto y todos el mismo día, mejor nos vamos todos juntos). Vuelvo el 18 de diciembre y estoy allí hasta el 11 de enero, así que id haciéndome huecos para veros a todos. Y para rematar, también compramos billetes a Oslo. ¿Quién me iba a decir a mí que durante mi año en Turín fuera a conocer también Oslo? Pero es que Carla encontró una oferta, Milán-Oslo por 12 euros ida y vuelta. Así que en marzo, a Noruega.

Después de todo eso, pedimos una pizza en Pizza Ad Hoc (los que nos llevaban las pizzas al ostello) para que la trajeran a mi casa. Allí cenamos Bea, Carlos, Joaquín, Anael (el compañero de piso luxemburgués de Joaquín) y yo. Y así descubrimos dos cosas: que una de las sillas de mi casa se cae, literalmente, a trozos (mañana llamo a la casera para contárselo), y que no suben las pizzas hasta casa, hay que bajar a buscarlas al portal.

Cuando terminamos de cenar nos fuimos otra vez a casa de Silvia y Alba, que habían comprado para preparar mojitos. Yo seguía un poco mustia, pero poco a poco fui animándome. Maria del Mar y yo nos bajamos con Carla, porque ella quería un café, y nosotras un helado. Cuando subimos otra vez empezamos a cantar, y ahí fue cuando me animé del todo. Eso sí, esta mañana cuando me he levantado (bueno, si hablamos con propiedad tendré que decir mejor “esta tarde”), tenía voz de camionero. Y sobre las 4 nos fuimos al murazzi. Por fin, después de dos semanas en Turín, salí para quedarme en el murazzi. Estuvimos en un sitio que se llama Alcatraz, creo, y me encantó, ponían de todo. Me marcó que cuando llegamos empezó a sonar la de cannabis, de SKA-P. Es la segunda vez que escucho esta canción en garitos de aquí. Me gusta. Igual que me gusta soltar lo de “Contigo no, bicho” a italianos babosos. Fue un reto, Carlos nos dijo a Silvia y a mí que no nos atrevíamos a soltárselo a alguno. Cumplimos las dos.

A las 6 menos algo nos fuimos cada uno por su lado. A mí me acompañaron dos chicas hasta la puerta del portal, porque había un tío que me daba mal rollo. Fue gracioso, porque por un momento pensé que era vecino mío o algo, pero intentó abrir el portal y nos dio la impresión de que con la borrachera, se equivocó de portal. Así que me subí tranquilamente, y a las 6 de la mañana me fui a dormir.

Y hoy ha sido un día corto. Me he despertado sobre las 12, pero al rato me he vuelto a dormir (es lo que tiene remolonear en la cama nada más despertarte). Y a saber a qué hora me hubiera levantado, si no llega a ser porque Carlos me ha llamado para ver si se me había pasado el bajón, a las 4 de la tarde. Así que me he levantado, me he preparado un par de huevos fritos (necesito tomate frito, solos no terminan de convencerme, y mucho menos si los mojo con pan de molde), con un poco de mozzarella (qué vicio), y con chorizo. Y una naranja. Ha sido el primer día que he comido en casa, y tampoco ha sido tan malo. Aunque siempre que pueda, prefiero comer en la mensa, sale más barato. Pero los domingos no...

Otra vez más, he recogido las cuatro cosas que había por medio, me he duchado y cuando he salido he descubierto que se había conectado internet (gracias, DLINK), así que he hablado un rato con mis padres y mi hermano, y mientras me iba preparando para ir al aperitivo. A las 19.30 me he bajado, y aunque íbamos a ir al bar en el que el otro día nos quedamos Rita, María y yo babeando mirando el escaparate, no había demasiada comida, y hemos ido al Obelix de Vittorio Veneto. Otra vez me he cogido el Bayleis banana colada (no había carta, y más vale lo malo conocido... aunque está muy, pero que muy bueno). Y en este hay muchísima más comida que en el otro, o esa impresión me ha dado. Así que esa ha sido mi cena, con un vaso de yogur líquido que me acabo de beber. Ahí hemos estado un buen rato, hasta que ha empezado a hacer frío. En ese momento hemos ido a acompañar a Alba, y hemos estado 5 minutos en su casa. Y he descubierto que hay dos chicas aquí que conocen al desabrochao porque iban a su clase, y como me temía, era de verdad (no como yo) un antisocial sin amigos. Sin comentarios.

Y nada, me he vuelto a casa y aquí estoy, intentando pillar internet sin conseguirlo, y sin saber qué hacer con mi vida en los próximos minutos. Creo que tendré que irme a dormir, porque como os digo, sólo podría ponerme a leer, pero tengo que comprar una bombilla porque el único foco que hay en mi habitación-cocina no alumbra demasiado esta zona. Eso sí, he descubierto lo bien que se escribe sentada en la cama, con el portátil dándome calorcito en las piernas. Sólo me falta un masaje en los pies, y otro en los hombros-cuello (que los tengo destrozados) para estar del todo a gusto. Pero creo que me quedaré con las ganas.

sábado, 3 de octubre de 2009

¡Escrito desde casa!

Estoy en mi casa. Después de haberla limpiado un poco bastante, ya que platos y demás no me dejaron, pero mugre me dejaron bastante, empiezo a decorarla. Y cada vez me gusta más.

Bueno, os cuento que he hecho estos días que tan abandonados os he tenido. La última vez que os escribí fue desde el ostello, cuando ya había recogido todos mis bártulos, y antes de ir a clase a no enterarme de nada. Bueno, me enteré de la bronca que echó a los españoles que fueron por primera vez y que no se callaban, porque se lo dijo en castellano. Por una vez el resto de la clase se sintió como me siento yo todos los días por no entender nada. Fui todo el día cargando con el ordenador, e histérica porque no encontraba un cajero y aún me faltaba la mitad de lo que tenía que pagar a la casera. Y es que a diferencia de los caseros de los demás, la mía no es maja... Después de comer me acompañaron Bea, Carla y Silvia a MI casa, y la mujer me estuvo explicando todo. Incluso que tiene que mandar al fontanero porque el botón de la cisterna está suelto. Ironías de la vida... (en casa de la hija del herrero, cuchillo de palo).

Bea y Carla se fueron a ver otra casa, y quedamos después. No sin que antes, nada más salir la tal Cristiana de MI casa, pegara un grito en plan “tengo casaaaa”. Silvia y yo estuvimos mirando cosas, y descubrimos una sorpresa bastante interesante: en el congelador había dos cubiteras. Aunque he usado sólo una, porque la otra estaba llena de mugre y ni aún fregándola se quitaba, así que está encima del armario con el resto de cosas que no quiero (unos cuadros terriblemente feos, entre otras cosas).

Nos bajamos a buscar a Bea, y le acompañamos a una de las casas. Fue un shock ver que lo que supuestamente era una habitación individual tenía tres camas, y no había más habitaciones en la casa, así que para olvidar un poco todo nos tomamos una coca cola en plena Vía Po, por la que nos soplaron 3.50 euros. A cambio les robamos bastantes sobres de azúcar, y me tenía que haber llevado el vaso también. Total, eran de los que regalaba el McDonalds... Y me subí al ostello, a por mis cosas. Por el camino fui consciente de que iba a ser incapaz de bajarlo (y de subirlo) todo yo sola, así que llamé a Jose, y además como Fran tenía que dejar cosas en mi casa, nos ayudó más gente. Y Jose no sólo me libró de subir los “cuatro” pisos con mi maleta, sino que encima me invitó a cenar a su casa. Allí estuve con Clara, y me volví a ofrecer para cuidarla cuando quieran. Total, se lo merecen... Después me volvió a acompañar, y vi a Carla en el Shamrock y me dijo que si quería me bajara después (tenía que subir la maleta pequeña a casa), pero me puse a colocar la ropa en los dos armarios que tengo, a ducharme y a preparar la cama (bastante cómoda, por cierto, aunque esta ha sido la primera noche que he dormido con almohadas), y a las 12 estaba tan reventada que me fui a dormir.

Como el jueves no tenía clase, me levanté a las 10 y media. Me fui a buscar el Lidl y di unas cuantas vueltas para encontrarlo. Cuando por fin apareció, compré un poco de todo y me destrocé para traer la caja con todo. Hice unas cuantas paradas, y en una de ellas me llamó Bea para contarme que tenía el piso, había ganado el casting. Donde no paré fue en el tramo de escaleras, y cuando me conseguí recuperar me puse a limpiar un poco la casa (insisto, tenía mugre). Me fui a comer a la mensa, porque después teníamos la reunión de orientación de la universidad, en la que casi me duermo. Después los de una de las asociaciones nos invitaron a un aperitivo que parecía un cumpleaños: patatas fritas, gusanitos de los naranjas, fantas...faltaban los gorritos de colores. Nos bajamos a esperar al resto, y cuando íbamos a volver a subir me llamaron, así que me quedé fuera y tuve que llamar para que me abrieran la puerta. Allí estuvimos un buen rato, y cuando me vine vino Fran a por sus cosas, y vi a Sara.

Estando en casa me llamó Carla para ver si se podía venir un poco antes de lo que habíamos quedado y así ir juntas al Valentino, porque no quería estar a oscuras en su casa, así que me duché y cuando iba a prepararme la cena, llegó con una cerveza, y después de destrozarnos las manos intentando abrirla con una cuchara, fuimos puerta por puerta y en la buhardilla del fondo nos abrió un chico: nos dio tiempo a ver que tenía una tele de plasma enorme, el mismo armario que yo, y que no se da con los techos porque es más alta (me estoy replanteando lo que me dijo Jose de ponerme un casco, ahora tengo un chichón). También vinieron Carlos y Bea, y estuvimos haciéndonos algunas fotos, y estrenando los hielos... Nos fuimos y estuvimos un buen rato haciendo el tonto, vino un italiano a comerme la oreja diciéndome que era un elemento, y que le hablara en italiano aunque él no hacía más que hablarme en inglés. Bea me rescató, y luego Silvia casi me lo vuelve a mandar, pero huí. También hubo otro, este ya dentro de la discoteca (el Chalet), y de este tuvo que rescatarme Carlos diciendo que él era el novio de las tres. Me dijo que quizás la semana que viene... Pero vaya personajes.

Y en la Chalet me sorprendí a mi misma. No os lo vais a creer, pero me subí y me tiré toda la noche bailando. Si el viejo podía, yo también. Y es que hubo un viejo bailando toda la noche, y un par de travelos extraños que debían ser los animadores de la fiesta. Salimos de allí a las 5 menos 5, y por lo visto cerraban a las 5. Tardé nada en llegar a casa, pero menos mal que me acompañaron porque había un montón de borrachos por la calle. Me puse las alarmas y me eché a dormir, que habíamos quedado a las 12 para ir a Ikea.

A las 10 y media me sonó la alarma, y estuve dejándola sonar hasta las 11. Lo justo para desayunar, recoger un poco por aquí, prepararme e irme. Nos tocó esperar un rato, y nos recorrimos toda la línea de metro (Porta Nuova-Fermi). Allí estaba esperándonos Joaquín, ya que su facultad está por allí, y cuando descubrimos cuál era el autobús que llevaba a Ikea, después de dar unas cuantas vueltas, lo cogimos. Nos tocó jugarnos la vida, cruzando autopistas y demás. Fui a la que más le cundió la compra: 65 euros y compré de todo, aunque creo que tendré que volver un día más. Y descubrimos que es muy fácil robar en Ikea: sólo hay que salir decidido con la bolsa llena por la salida sin compra: si lo llegamos a saber no pagamos...

Comimos allí, y tengo que confesar que robé los cubiertos... Pero es que no sé quién dijo que había un menú por 3 euros, y de eso nada...

La vuelta a buscar el autobús fue peor: cargados, otra vez cruzando la autopista... Menos mal que me ayudaron con mis cosas, porque si lo llego a tener que traer sola, todavía estaría viniendo...

Cuando llegamos a Porta Nuova fue muy surrealista: fuimos a coger un autobús, que no salía porque el conductor había perdido las llaves. Cuando decidimos ir a buscar otro, nos gritaron que ya las había encontrado, y al final cogimos ese. Pero fue la primera vez que un conductor de autobús nos preguntaba si habíamos visto unas llaves...

Me ayudó Joaquín a traer las cosas a casa, y como si se iba a su casa no iba a volver porque vive lejos, se quedó aquí y esperamos a ver qué plan había para la noche. Bea se fue a firmar su contrato, y teóricamente iba a venir cuando terminara, pero ya nos la encontramos por el camino cuando íbamos al bar del Valentino con wi-fi. Así que me bajé el portátil, para mirar los vuelos de vuelta a Madrid (buena o mala noticia: vuelvo el 18 de diciembre), el de Praga, y uno que hay a Oslo por 10 euros. Hablé un poco con Lore y Luis, y con Oscar y mis padres, pero me empezaron a meter prisa, y iba por el parque con el portátil en la mano, andando y hablando por Skype, hasta que el wifi dejó de llegarme. Subí a por el cargador del ordenador, y nos fuimos a casa de Silvia y Alba, que pillan wi-fi en su casa de Vía Po (como les odio). En ese rato el vuelo a Praga había subido 15 euros, cosa que no me hizo ninguna gracia. De todas formas no lo cogí porque la conexión se me iba todo el tiempo, y preferí hacerlo cuando el wifi vaya bien. Cenamos pizza, estuvimos un rato hablando y llegó un momento en que me tiré entre las dos camas (tenía un hueco en medio bastante grande, pero estaba tan reventada que me dio igual), y me estaba quedando dormida, así que esperé a que alguien bajara para bajarme con él. Fueron Bea, Carlos y Joaquín. Estuvimos esperando a que el bus de Joaquín llegara, me fui bajando con ellos hasta Vittorio Veneto y yo me fui para casa que estaba destrozada. Estrené las almohadas, y qué bien sienta dormir con almohada. Así he notado menos la señora contractura que tengo entre cuello y hombros de tanto cargar peso...

Hoy el plan era ir a comprar las bicis, pero yo prefería descansar, y les dije que cuando me levantara les llamaba para ver dónde estaban. Así que les he llamado, me han dicho que iban a comer a la mensa, y que me avisaban. Pero no me han avisado, así que podéis imaginaros que ahora mismo tengo un pequeño cabreo. Básicamente porque no me apetece ni pizza ni kebab, ni dejarme un pastón en un restaurante, y porque mi nevera está un poco vacía. Así que es la última vez que espero a nadie para ver qué planes hay. Total, es mejor comer sola que no comer.

jueves, 1 de octubre de 2009

¡Hoy me mudo! (escrito ayer)

Qué abandonaditos os tengo. Pero es que entre unas cosas y otras, entre que me engañan para salir y que paso más bien poco tiempo “en casa”, y que cuando estoy aquí estoy socializándome, no me da tiempo a contaros las novedades de cada día. Así que os las contaré todas juntas...

Como ya os dije, el sábado fuimos a hacer el aperitivo. Casi no llegamos, y cuando llegamos ya era algo tarde, así que ya no ponían tantas cosas como supongo que pondrían antes. Aún así, cayeron dos platitos de pastas y pizzas varias (por supuesto), pero también verduritas, carne, pescado... Y de cóctel: bailys (o como se escriba) con banana colada. Muy, muy, pero que muy bueno. Ahí estuvimos un ratejo, y luego volvimos a la piazza Vittorio Veneto con unas cervecillas. Para variar habían contado mal, y nos dieron de más, así que tuvimos que hacer el esfuerzo sobrehumano de repartírnoslas. Y después de aquello, nos juntamos con la gente que había al lado del Palazzo Nuovo. Yo estaba un poco chof, y la verdad es que me vinieron genial los abrazos que me daban. Después íbamos a ir al Murazzi, pero yo decidí volverme, y le di el camino de vuelta al ostello a la pobre Carla, ya que iba medio llorando-medio descojonándome. Pero me animó bastante. Cuando me fui a dormir, eran las 4, y cuando me quise levantar, eran las 12 y pico...

El domingo nos debatimos entre ir a comer al McDonalds o a un Shawarma, y ganó el McDonalds. Nos comimos nuestros respectivos en la Piazza del Castello, y vino una mujer de la limpieza a echarnos la bronca porque creo que dio por hecho que íbamos a tirarlo todo al suelo. Y desde allí, unos cuantos se fueron a ver el fútbol y nosotras nos fuimos al Valentino. Por el camino me compré un heladito, que me costó decidir los sabores, para que luego no tuvieran stracciatella, pero estaba muy rico también sin ella... Y en el Valentino, tomando el fresco en una terracita hasta que decidimos volver al ostello. Para cenar, para variar, pizzas del Ad Hoc. Creo que voy a echarlas de menos: decidimos seguir viniendo al ostello para pedir pizzas... Y para que Chespirito nos diga que nos callemos. Creo que él nos va a echar de menos a nosotros... Y es que hoy nos independizamos casi todos, y sólo van a quedarse aquí 4 o 5 spagnoli...


El lunes vuelta a clase. Y aunque pensaba hacer la de planificazione della comunicazione, creo que voy a ir a por otra que suene más divertida. En Linguaggio giornalistico, para variar, no me enteré de nada. Bueno, sí, de que se me había olvidado quitarle el sonido al móvil, de que empezaron a sonarme los Mojinos (qué güeno que estoy), y de que era mi casera para decirme que esta tarde me da las llaves, un día antes de lo que pensaba. Comimos en la mensa, midiendo distancias con flyers de una fiesta española en la que dan pollo al ajillo y ponen Estopa, Serrat o Alejandro Sanz. Como yo había quedado con Carla a las 4 menos cuarto para ir a traducirla lo que hablara con su casero en la firma del contrato, y eran solo las 3, un chico de Villapijosa (Joaquín) dijo que se quedaba conmigo haciendo tiempo, y que fuéramos a ver la Mole. Y por el camino nos encontramos a Nela y Maria del Mar, que acababan de ver un piso y no sabían si cogerlo. Nos enseñaron dónde está, y les convencimos, pero al final no han podido quedárselo. Carla llegó un poco más tarde, y nos fuimos...

Su casero es un tipo extraño, cuanto menos. Subimos a la casa, de repente empezó a sangrarle el brazo, decía cosas que ninguna entendía aunque dijéramos que sí, y al bajar dijo que nos invitaba a algo en 5 minutos, y nos tiramos una hora o así. Nos dimos cuenta de que el hombrecillo era un poco de derechas, ya que decía que la culpa de todo en Italia es de la izquierda, y que en España se vivía mejor cuando estaba Franco. Eso sí lo entendimos, y obviamente, a eso no le dijimos que sí...

Nos volvimos al albergue, y recuperé los 15 euros de la noche que no iba a quedarme. También organicé mis cosas, que por la mañana me habían hecho cambiarme de habitación, y nos fuimos a cenar a la mensa. Yo pensaba que sería cenar y volver, pero estuvimos en el Shamrock y llegamos al ostello a las 12. Menos mal que tenía ya internet comprado, porque necesitaba conectarme... A las 12 y media se me cortó internet, y me quedé un ratito hablando con Silvia, hasta que decidí que era buena hora para irme a dormir, y que a ver cómo me levantaba al día siguiente, que tenía que ducharme. Cuando entré en la habitación, estaba todo el mundo durmiendo, y no encontré parte de mi pijama. Tampoco tenía batería en el móvil, así que no lo podía usar de linterna, así que pasé de buscarlo, ya que podía estar encima de la cama de Nela (le invadí mientras hacía mi cama). Y no era plan...

El martes fue un día extraño. Jesús me llamó porque iba a ir a clase, y quedé con él allí. Y a las 2, había quedado con Silvia para ir a la mensa, y nos encontramos allí con Rita y María, y luego aparecieron Fran y Martín. Así que Rita, María y yo nos fuimos a un parque después, se suponía que Martín y Fran también irían, y Silvia se quedó para buscar piso. En el parque teníamos unas vistas geniales de la Mole, y después de improvisar un trípode con bolsos y bolsas de compras, nos hicimos una foto genial. Y cuando empezamos a tener un poco de frío, decidimos volver al albergue. Las tres íbamos como zombies, y es que Turín es una ciudad que cansa... Entramos a alguna tienda, buscamos cajeros para sacar nuestros respectivos alquileres, y yo me puse histérica porque sólo me dejó sacar 200 euros. Decidí no salir por la noche, del agobio que tenía. Cuando llegué al ostello, recogí la ropa que había lavado por la mañana (me estoy volviendo una chica muy apañada), y me llamó Joaquín, que poco más o menos me rogó que saliéramos. Estuve organizando mi maleta, y al final dije que me lo pensaría, porque quería volver a intentar lo del cajero, y tampoco era plan de encerrarse en el ostello a las 7 de la tarde. Aparecieron Carla y Bea, y como ellas sí iban a ir, fui. Bea y yo no pensábamos cenar, sólo íbamos a dar una vuelta, y ya cenaríamos en casa. Pero al final, llegamos al Shawarma (palabra con escritura de libre elección), y nos entró hambre. Me pedí uno con Mozzarella, y llevaba dentro patatas fritas (aunque me costó encontrarlas). Y no veais cómo picaba eso...


Desde allí cada uno tiró por su lado, yo me vine al ostello con otros dos chicos, y me conecté un ratito. Y de ahí, a dormir. Y esta mañana me he levantado en parte con energías, en parte con penilla de dejar esto. Hoy nos vamos la mayoría. Pero creo que también estoy así porque mis dos compañeras de habitación llegaron a saber a qué hora, y se pusieron a organizar la maleta. Y esta mañana, más de lo mismo a las 7 de la mañana, hablando a voces, y con la puerta abierta, que daba en mi cama. Así que estoy en uno de esos días en que me despiertan de mala manera. Pero esta noche ya duermo en mi cama. Quizás pase algo de frío porque de momento sólo tengo dos juegos de sábanas, la funda del nórdico y la mantita de huellas (que tengo que ir a recoger). Y hasta el viernes no vamos a Ikea. Porque ya tenemos planeado el fin de semana: viernes Ikea, y sábado mercadillo de Porta Palazzo, a comprarnos bicis por 20 euros. Y ahora son las 11 de la mañana, me voy a clase que entro a las 12. Salgo a las 2, voy a comer a la mensa (a ver si me encuentro a alguien), y a las 3 y media he quedado con Cristiana (la casera) para que me dé las llaves. Es el fin de una etapa, y el comienzo de otra. Ya estoy pensando en la fecha de la fiesta de inauguración de mi buhardilla, en la que vamos a parecer sardinillas en lata. Cuando esté decorada.